Virgen María

 Quiero salir contigo, 

que tiendas tu mano inalcanzable, 

que tu pálida inmovilidad del tiempo ceda

ante mi tan infranqueable soledad austera. 


Que nada nos distraiga, 

cuando caminemos

sobre el jade de los mármoles 

que tanto oímos nombrar. 


Que no sea tu escudo ésta vez bálsamo,

quiero que me sonrías 

mientras la corona del perdón te oscila  

flanqueada en la extensión 

de lo que siempre será tuyo. 

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