Peregrino (a Juan Rulfo)
No hablaba de los pasos que iba dando, llevaba en su insondable corazón un amor ciego por aquello que se movía, recuerdo que fue hace mas de cincuenta años, su norte no tenía que ver con aquella hermeticidad que hacía llegar pronto al otoño en sus ojos, aquello era un sendero personal, todos los años, al menos una vez, te ibas a leer Las Aventuras de Buffalo Bill, y después hacías de cuenta que salías echando balas por todo el barrio, mantenías el silencio como si fuese tu trinchera, y desde luego que lo era. En aquel tiempo por todas tus hazañas podrían haberte colgado, sin embargo, zafaste, y lo abandonaste todo, y entraste en un laburo que te pegaban chirolas, y a vos no te importaba mucho, mientras te diera para sobrevivir, y poder estar tranquilo para poder agazaparte en algún rincón a escribir, lo que hoy llamamos tu antología personal.

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