Minuto 128, revelación.

 Los cuerpos tuvieron que detenerse, 

te pregunté por qué nunca te paras derecha, 

me respondiste algo de la costumbre y tus deseos, 

sonreímos mientras nos preparábamos para seguir.

-¿Por qué deseamos lo que no tenemos?-

Luego de mirar el reloj entendí, 

sobraban ocho minutos.


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