De-pre/dadá
Arthur Cravan estuvo luchando contra ellos, le dio un guantazo al primero, que le duró hasta su infancia. Llevaba la invencible en la derecha. Los demás cruzaron la calle para acordarse a la metáfora de los restos que iba desperdigando por ahí, todos decían que como la pluma del tío la mano de él. Él esquivaba una, otra, cuatro, y al quinto, lo reventaba de un gancho. Los provocaba, a todos y Bretón lo amó por eso.

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