Siempre tuve cuarto propio

 A veces arde el abdomen, 

la miseria no se traga así nomas, 

afuera hay ruido a cascada, 

adentro, mi ventana sin cortinas,

deja entrar la luz a mi cuarto.

Alboroto paulatino, revolotean esporas.

Siempre tuve cuarto propio,

no hay duda de esa ventaja.

Lo adornaba con mis gustos, 

cambiaba cada vez que quisiera las cosas de lugar,

no había peros 

ni a nadie que le competiera tal tema,

yo era la única responsable de su orden,

de sus manchas de pintura en piedra laja.

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