Mi premio, ambigüedad. Mis preguntas, compasión.

Camino hacia el interior, recojo piedras del blanco suelo. Voy río adentro por la orilla, me han contado muchas veces cómo llegar, aunque nunca me he atrevido, hasta ahora, a salir de mi caparazón, mi casa se ve y se siente tan acogedora, que nada es mas arriesgado, en éste momento, que entregarme a las adversidades de la no comodidad ¿qué será de mi si no hallo refugio? No pensaré en ello por el momento, aún no llega el sol a posarse sobre mis cienes, al medio día haré mi primera parada, comeré mi pan y recogeré un par de caracoles blancos que aún no hallo.
Cuando el sol comienza a picar mis ojos, me acuesto contra la raíz de una araucana, me quedo dormida cuando comienzo a ver una luz que se acerca hacia mi, caigo rendida en el sueño y siento como mi cuerpo se incorpora para bailar con aquella luz, mi cabeza se cae hacia adelante por el viento, el tirón del cuello me despierta, el sol estaba a punto de ocultarse, me levanto rápidamente y corro hacia el interior del mar, una ola me vuelve a la orilla y una voz comienza a susurrar mi nombre, cada vez mas fuerte, hasta que logra despertarme.

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