La misma historia

Ver mis capacidades, mi estilo,
la falta de carácter,
lo heredado y lo mamado,
animal de pocas luces,
ver como se desmorona,
como pica en la garganta la angustia,
y duele sin aviso recordar.
Las cosas revueltas, como toda la vida,
el escritorio que oficia de depósito,
de penas
de sueños,
de cuando debutamos
sobre la mesa
porque la historia de la transparencia
y el fetiche
y mis manos que arden
nuevamente,
y no poder quitar el polvo de las máquinas
que se cuela por mi puerta
por mi ropa
por mis poros
por mi nariz
y sentir los pulmones cansados,
y morir de angustia cuando no soy yo quien muere,
y mirar de reojo aquella botellita,
despedirse como si fuera el último día
de la cajera del supermercado
y del guardia
y del árbol de la esquina
que mañana seguira allí
torcido
bebiendo de ésta lluvia que no cesa de complacer, falleciendo en el ruedo, para volver, otra vez, a contar la misma historia.

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