Dragones del olvido.

Nos despedimos chocándonos los puño.
Yo estaba encerrada en mi cueva de arboles.
Cuando se iba me preguntó "¿por qué seguís acá?"; ella sonreía, siempre sonreía.
Me costó dos horas recompilar la pregunta entera, quedé colgada en su sonrisa, no me di cuenta que era en serio, siempre amagaba a irse y nunca se iba. Hace unos meses hablamos por última vez, me contó todo lo que vivió, yo había vuelto a la casa en la que tanto nos habíamos querido. Tenía modificaciones, por ejemplo su tamaño, habiendo dejado el casco de la casa intacto quitaron cuatro habitaciones. La estufa Cólquida estaba allí. La vuelta al país fue repentina, de nuevo aquí, en plena depresión y sin dinero, no tuve mejor idea que alimentar la estufa con recuerdos, postales, cartas, dibujos, era insaciable aquel fuego, hasta devoró treinta de mis obras.
Quemé recuerdos
Iluminé la casa
Quemé recuerdos
calenté mi hogar.

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