Tormenta - Sábado epistolar



- Lopez, no pasa nada, viejo. Ahí tenes la criatura (dice mientras se sacude la hebilla. Suenan la hebilla y los pasos, la gota en la frente, suenan) -repite- Lopez, no pasa viejo, ahí tenes la criatura, (pausa, lo mira con tranquilidad) está todo bien ¿sabés? Yo voy a hacer de cuenta que no vi nada, es que realmente el clima no excita para armar el rancho en la calle después de haber juntado los cartones durante horas. Buscando la esperanza en la basura, siempre, buscando en la basura la esperanza.

Veo todo amarillo, la luz ronca. 

Y vos que estás subiendo y bajando con cuatro piernas, no entendes si ese silencio pide otra vez esconderse de toda la gente, de las botellas vacías que esperan el aliento, o de vos mirando así a los demás, y yo pasando entre esa gente que miras, me juzgas, ves blanco en donde hay negro, ves piel, ves texto, ves que la oreja se molesta cuando siente que la mojan, y ahí estás con tu treinta y noventa y nueve, y yo acá esperando, en Jackson y ésta calle que no quiero nombrar, espero porque estás ahí, adentro de esos ojos, de esa piel que pide que la llamen, porque estás ahí, adentro de ese miedo, y es tu voz la que el tiempo atrae.

¿Qué es lo que dicen mis manos cuando hablan? 
Yo no entiendo, no comprendo la calma, 
no soy mas que un pasatiempos sigiloso, 
veo tus pasos de jeans silencios,
 tu barba, 
tu cruz. 
No soy pan, no soy Dios, más sí soy gozo,
soy también tiempo suave en reposo. 
Y aunque el nombre se patente en la vereda, 
no doy pie, si de climas no se un pomo. 
porque vos que tanta farsa te creíste, 
porque vos que en la ignorancia te criaste, 
porque vos que por mis pasos prometiste 
¿Por qué vos que siendo Alguien te asustaste? 

Los pibes siempre están buscando a dónde irse. Escuchan un término y se ponen a hablar. Bullicios. Un taxi parado en la esquina, normal, reconozco la nariz del Seba al pasar, el trueno retumba de nuevo. 
Los pibes se ponen a hablar, comienzan a actuar medio extraño, como si de algo quisieran escapar: La Espera. 

Esperar, del verbo Nadie. 
De los labios, los tiempos, los pares. 
El trueno y la erre, retumban en la voz de los niñes, 
recorren impacientes la fila de espera, 
algunos saben que vienen con la fuerza de lo nuevo, 
otros entienden el cielo, la gloria y las penas. 
¿De dónde las luces del cielo? 
¿Dónde estarán el calor, la verdad, la niebla? 
¿De quién las cicatrices ajenas? 
La historia se relame serena y por tu voz silbido y fiereza, 
soy tu sol, tu verdad, tu ¡bien, esa!, 
así sacaremos de la caja la Espera.
Solo un lapso, brevedad de tregua. 

Antonia Dí Cor

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