Llámame, Lucien.

¿Oyes éso? ¿Escuchas cómo da vuelta violentamente el auto?

Quizás se encuentre a tres cuadras de distancia ¡como mucho! 
¿vos qué crees?



               El sordo la miraba sonriente imaginando su cuerpo desnudo


La memoria es la obstinación de vivir en un mundo que se extingue

               ¿y si no es un auto? ¿cómo se verán los autos después de tanto encierro? 


                 
                      La mudez hacía ecos en la boca sin dientes del sordo



Llámame, Lucien ¿no percibes que necesito oírte? 
Si tan solo pudiera escuchar tú voz, si tan solo me dijeses que las ilusiones no acabarán aquí, encerradas, en éste intra-entierro obligatorio... 

Quisiera olvidar. 
Olvidar que vivimos:
 alguna vez libres.



¿Oyes éso? 











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