Ver ventanas
Naufragio. Magreo. Reconocimiento.
Te hincas mirando a la nada, como dos perros que se lamen,
regocijo de quien quiere pero no puede;
comprendes la espera que recubre tu cabeza.
Tres puertas abiertas.
Dudar, dudar, y volver a dudar.
Una duda por cada una de ellas.
Miro tus ojos y vos caes, caes sobre mi, caes con tus párpados cansados, caen tus pestañas encerrando mi dolor. Gritas y no escucho tus palabras, solo los silencios que las anteceden, porque calma, porque enseña, porque entiendo que no puedo ser la espera que recubre tu cabeza.
Una familia en la misma cama, el amor puede mutar, trascender, rechazar, excitar, olvidar, perdonar, el amor puede doler en el alma o en el cuerpo, dolor que ensancha o comprime, el amor puede ser un dolor que exprime el dolor; pero nada de ésto es cierto, porque el amor no es nada sin las personas.
Tres puertas que se abren.
Vuelvo a insistir, porque soy yo quien está hinchada observando la nada, observando esas puertas que me muestran posibilidades; dos que dejan ver ventanas abiertas, ahora la tercera que se cierra, afán casi obsesivo el de endulzarme con la puerta que se cierra, la misma que golpea mi nariz sin advertir.
Necia.
Caen gotas calientes sobre mi sien.
Te hincas mirando a la nada, como dos perros que se lamen,
regocijo de quien quiere pero no puede;
comprendes la espera que recubre tu cabeza.
Tres puertas abiertas.
Dudar, dudar, y volver a dudar.
Una duda por cada una de ellas.
Miro tus ojos y vos caes, caes sobre mi, caes con tus párpados cansados, caen tus pestañas encerrando mi dolor. Gritas y no escucho tus palabras, solo los silencios que las anteceden, porque calma, porque enseña, porque entiendo que no puedo ser la espera que recubre tu cabeza.
Una familia en la misma cama, el amor puede mutar, trascender, rechazar, excitar, olvidar, perdonar, el amor puede doler en el alma o en el cuerpo, dolor que ensancha o comprime, el amor puede ser un dolor que exprime el dolor; pero nada de ésto es cierto, porque el amor no es nada sin las personas.
Tres puertas que se abren.
Vuelvo a insistir, porque soy yo quien está hinchada observando la nada, observando esas puertas que me muestran posibilidades; dos que dejan ver ventanas abiertas, ahora la tercera que se cierra, afán casi obsesivo el de endulzarme con la puerta que se cierra, la misma que golpea mi nariz sin advertir.
Necia.
Caen gotas calientes sobre mi sien.

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