Porque el yeso existe / Destiempo
Desmonta de su envejecido ropero la percha favorita de su abuelo fallecido.
Hacía ya tres años de su muerte.
Tres que hacen años yacen en su tumba.
Una gota se desprende del último valiente.
Cansados. Todos. Proclaman.
Sentados en asientos sucios con olor a tristeza se dejan llevar, pagando un boleto que vale la mitad del pago de un día.
Frío.
Un día frío.
Comienza el verano y las personas se refriegan , babeando fantasías, yo en mi regocijo silencioso escondo la alegría de saber que hace frío.
De saberme en el frío. Alegría.
Saberme con un sabor a comodidad de niño acunado por su madre.
Y el pecho que alimenta mi risa interna, y los pechos que alimentan mi felicidad, no son otros que el recuerdo plácido de tu piel de mujer que se descubre.
Entonces yo te descubro entre mis piernas.
Entonces yo, y repito, te descubro entre mis piernas.
Entre sueños que alimentan mi excitación.
En lo mas profundo de mis pensamientos te hallo entregada y dispuesta a la casualidad - sin creer en ella - de encontrarnos entre nuestras piernas.
Vida mía. Vida suelta.
Suelta en vida se desvela. Comprende que le encanta ser la estela que conoce como cosmos la palma de mi mano, y no el cosmos como si fuera la palma de su mano, y mi mano que no conoce de cosmos y no comprende de estelas, ni de señoritas llamadas Estelas.
Hasta el mas delicado tambalea.
Ridículo.
Con sus inmensas piernas enrolladas.
Él tambalea aquí.
Aquí en donde el techo que tan preocupados nos tiene se burla de nosotros sacudiendo su viejo culo anaranjado, porque nunca ha visto nadie a un valiente con lágrimas en la frente, y se ríe porque la percha ya había sido desmontada, porque muere injustamente un sentimiento agradable, se ríe de nosotros por ser tan humanos, porque apuesto mil risas que la frase nos hubiese obligado a dejar morir un silencio si hubiese sido " porque muere injustamente un niño que jugaba con su madre".
El flujo social chorreando por mis piernas.
Las lenguas sin bocas, contentas.
Calientan.
Retorcidas. Retorcidas mis piernas cubiertas.
Vientre fértil sollozando en algún punto cardinal.
Despertar seco. Alma marchita.
Blanca niña.
Edificios que devoran, ventanas que miran.
Un corazón añejo, malgastado, es atravesado.
Ahora no solo en mis piernas, estoy cubierta, hundida, fundiéndome, empapada en sociedad.
Penetrar el hálito descubierto. Sangrando.
Un tomate que sangra esperanza.
Entonces miras hacia un costado creyéndote un pensador, y en esos segundos de naturalidad te das cuenta, por primera vez, de lo injusta que es la muerte, cuando en tu costado, frente a esa mirada penetrante que echas al aire no hay mas que un reflejo que abraza tu tristeza, un reflejo que remplaza a los recuerdos, y vos dejas que los remplace, porque no podes hacer otra cosa, porque no queres hacer otra cosa.
Entonces alguien se cubre los oídos con basura, y resulta que se miran en el mismo reflejo y es mas feliz que vos
¿Por qué?
Tuviste tanto miedo.
Alguna vez yo se que vos también tuviste tanto miedo.
Te temblaba la voz.
Y buscaste desesperado ese momento a solas, en algún rincón, solamente para reconocer que tuviste miedo, porque de éso nos valemos, del reconocimiento.
Te imaginas y te da vergüenza, porque hay palabras que tienen consigo un valor mas potente que otras, porque la palabra vergüenza te avergüenza, y hay una anciana sin dientes que sujeta en su mano un posters de rebaja de algún supermercado oloroso como si vos sujetaras tu brazo enyesado, acunando un brazo que en ése momento no sirve para nada. Y hablo del yeso porque existe, hablo de él con rabia, porque bien daría yo mi vida por no haber nacido a destiempo.
Porque ahora que no entramos en confianza puesto a confesar que yo como muchos otros nacimos a destiempo.
Hacía ya tres años de su muerte.
Tres que hacen años yacen en su tumba.
Una gota se desprende del último valiente.
Cansados. Todos. Proclaman.
Sentados en asientos sucios con olor a tristeza se dejan llevar, pagando un boleto que vale la mitad del pago de un día.
Frío.
Un día frío.
Comienza el verano y las personas se refriegan , babeando fantasías, yo en mi regocijo silencioso escondo la alegría de saber que hace frío.
De saberme en el frío. Alegría.
Saberme con un sabor a comodidad de niño acunado por su madre.
Y el pecho que alimenta mi risa interna, y los pechos que alimentan mi felicidad, no son otros que el recuerdo plácido de tu piel de mujer que se descubre.
Entonces yo te descubro entre mis piernas.
Entonces yo, y repito, te descubro entre mis piernas.
Entre sueños que alimentan mi excitación.
En lo mas profundo de mis pensamientos te hallo entregada y dispuesta a la casualidad - sin creer en ella - de encontrarnos entre nuestras piernas.
Vida mía. Vida suelta.
Suelta en vida se desvela. Comprende que le encanta ser la estela que conoce como cosmos la palma de mi mano, y no el cosmos como si fuera la palma de su mano, y mi mano que no conoce de cosmos y no comprende de estelas, ni de señoritas llamadas Estelas.
Hasta el mas delicado tambalea.
Ridículo.
Con sus inmensas piernas enrolladas.
Él tambalea aquí.
Aquí en donde el techo que tan preocupados nos tiene se burla de nosotros sacudiendo su viejo culo anaranjado, porque nunca ha visto nadie a un valiente con lágrimas en la frente, y se ríe porque la percha ya había sido desmontada, porque muere injustamente un sentimiento agradable, se ríe de nosotros por ser tan humanos, porque apuesto mil risas que la frase nos hubiese obligado a dejar morir un silencio si hubiese sido " porque muere injustamente un niño que jugaba con su madre".
El flujo social chorreando por mis piernas.
Las lenguas sin bocas, contentas.
Calientan.
Retorcidas. Retorcidas mis piernas cubiertas.
Vientre fértil sollozando en algún punto cardinal.
Despertar seco. Alma marchita.
Blanca niña.
Edificios que devoran, ventanas que miran.
Un corazón añejo, malgastado, es atravesado.
Ahora no solo en mis piernas, estoy cubierta, hundida, fundiéndome, empapada en sociedad.
Penetrar el hálito descubierto. Sangrando.
Un tomate que sangra esperanza.
Entonces miras hacia un costado creyéndote un pensador, y en esos segundos de naturalidad te das cuenta, por primera vez, de lo injusta que es la muerte, cuando en tu costado, frente a esa mirada penetrante que echas al aire no hay mas que un reflejo que abraza tu tristeza, un reflejo que remplaza a los recuerdos, y vos dejas que los remplace, porque no podes hacer otra cosa, porque no queres hacer otra cosa.
Entonces alguien se cubre los oídos con basura, y resulta que se miran en el mismo reflejo y es mas feliz que vos
¿Por qué?
Tuviste tanto miedo.
Alguna vez yo se que vos también tuviste tanto miedo.
Te temblaba la voz.
Y buscaste desesperado ese momento a solas, en algún rincón, solamente para reconocer que tuviste miedo, porque de éso nos valemos, del reconocimiento.
Te imaginas y te da vergüenza, porque hay palabras que tienen consigo un valor mas potente que otras, porque la palabra vergüenza te avergüenza, y hay una anciana sin dientes que sujeta en su mano un posters de rebaja de algún supermercado oloroso como si vos sujetaras tu brazo enyesado, acunando un brazo que en ése momento no sirve para nada. Y hablo del yeso porque existe, hablo de él con rabia, porque bien daría yo mi vida por no haber nacido a destiempo.
Porque ahora que no entramos en confianza puesto a confesar que yo como muchos otros nacimos a destiempo.

Comentarios
Publicar un comentario