Lo que es, no se cuestiona.

¿Ha de ser cierto que acabará el mundo?
¿Ha de asustarnos el final?
No concibo la idea de aferrarme a la incertidumbre de saber cuándo acabará lo ya acabado.
Una flor nace,
vive,
porque ha de ser vida,
sin necesidad de nombre,
y yace al sol
o una mano la arranca,
sin que ésta pueda reproducirse. Y ésta flor, nunca se preguntó: " ¿Ha de ser cierto que acabará el mundo?".

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