Voy a caminar- me.
Ni terminar distante, durmiendo en el hormigón.
Siempre quise decirte que, no quería decirte todo lo que te dije, mientras no creía en el vuelo.
Ni en el polvo de las palabras.
Ni en todo lo que estaba sucediendo.
Creí que aquella noche, no era parte del mundo.
La voz que llegó a mi pecho, me llevó a creer que el agua no erizaba mi piel cuando fría recorría mi hombro, y creer que los labios remando por mi pecho no provocaban el espasmo; quise incluso convencerme que no vi tus ojos desnudarse frente a mi cintura. Sin embargo, éso fue, y fui consciente de que todo estaba en mis manos, en mi voz, en mi cuerpo, en mí esencia, en la falta de querer comerme el mundo, en el transcurso de la niña que no entra en su hamaca, en el olvido que quise recordar a las fuerzas y olvidé por completo, en la migaja de las fotos que no pude ordenar, en el vuelo que, otra vez, quiere invitarme a caminar.

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