Poema IV
Ahí estás vos, otra vez,
con tu frecuencia elocuente tatuada en mi,
y vuelves a erizar mi piel.
Me tenes, sabes que éso me hace bien,
la boca mía desea tu boca,
dejas escapar el humo.
Los ojos tuyos, profundos,
me miran, los miro, me entrego,
tu mano izquierda se enamora de mi espalda.
Te desnudas, en mis pensamientos,
tu alma desnuda y la mía también,
nos besamos porque los labios lo piden.
La risa, el silencio, tus piernas y el ritmo,
la música que produce tu cuerpo,
lo mio es tuyo, lo tuyo es del tiempo.
Abrazo, distancia, volvemos a lo nuestro,
tus cenos, el enredo de tu pelo,
mis ojos te ven en libertad absoluta.
Vos simplemente sonreís,
te miro como a ninguna,
y tu voz se activa en mi.
Eres libre de vivir, y tu libertad es libre,
me enseñas que no siempre es feliz una sonrisa,
que el mar nunca acepta derrota.
Crees que podes volar dentro del agua,
me convences de que lo haces,
y que no hay nada mas hermoso.
Rosas mi cuerpo con tus labios,
transformas la anarquía en un instante fiel,
y en ése momento gobiernas mi ser.

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