Desasosiego ( la Muerte enamorada )

"Curiosa vez aquella que tus besos no sabían a sal" - Me dijo al oído .
Entonces callé, y también dejé de pensar, sin saber que decir miré ésos ojos una vez mas y me dejé caer. Volvimos nuestras cabezas hacía atrás y en una especie de reloj de arena dejamos encerradas nuestras penas, sabiendo que todo aquello que  nos rodeaba era tan triste como empezar un día sin el otro.
Él con sus ojos marrones miraba mas allá de ésto que vemos todos, para él las flores no crecían, el atardecer nunca moría, y la luna jamás nos abandonaba, para mi, que a gatas sentía todo era absurdo.
Siempre lo sentía sonreír, lo miraba sonreír, lo deseaba así, quería que sus brazos rodearan mi tristeza, que lo curioso de estar vivo sea tan normal, como despertar.
Aunque despertar ya no quisiera, él siempre me esperaba en vela, que abriera mis ojos, sin color alguno, eran entre verdes y amarillos en los días de soledad - casi siempre -, y rojos manchados de amor - pocas veces -.
"Sonríe" - Me dijo.
Y sonreí, sin darme cuenta, queriendo disimular que lo estaba haciendo, sabiendo que no podía entender, ni explicar, el por qué del brillo de mis ojos al verlo llegar. Abrumada por no entender casi nada de lo que me hacía sentir llegué a confundir mi razón con el deseo.
"A veces me siento vacía" - Le dije al oído mientras sonreía.
Y ésa sonrisa capaz de eclipsar cualquier tristeza se borro como agua que se lleva un dibujo en la arena, el arco que formaba su comisura escapó detrás de mis palabras, entonces comprendí.
Era él que sabía todo lo que yo no entendía.






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