Canto dorado

Las crónicas del desahuciado acompasan puño a puño los gritos y sollozos de desconsuelo, se pregunta,  intermitentemente, cómo ha de formar parte de tal estado que (siendo consciente) abandona de golpe, para gemir en soledad lo que exige su cuerpo. Quizás siendo, meramente, producto de circunstancia tras circunstancia, quizás nunca planteándose lo que siente, sin embargo, ahora fuma mientras le grita respuestas a sus progenitores y piensa, para sus adentros en unísono con lo que dice, que ¡que suerte! que puede elegir el canto dorado.

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