Volver

Sentí el otoño colarse en mis adentros, recordé las tardes de Durazno , la carne doliente de mi adolescencia , la  boca ofendida inundada de rabia y otras historias, recordé también que, me he marchado mas de lo que puedo sanar y que hoy siendo pasado mi muerte en tu cama me veo pintando las baldosas interminables del adiós; me habito en los besos que saltaron muros escupiendo aquel nombre en ruso que no pude retener.
Y tan extensa mi dolencia clasifica en ponencias desmitificadoras de huesos desconfiados y ojos azules rojos, se embarra mi juventud en el uso precoz de ésta vida angosta.
Nos veo corriendo el bus por la madrugada, vos diciendo "Si nos para somos Gardel" y nos veo como dos Gardeles que, ahora mas que piernas y brazos:  patas y alas; saltamos con gracia y ésa risa que tiene alguien cuando el sol le da en la cara. Vuelvo en mi parecer y lo que sentí ayer, esa reticencia, esa forma de creer que todo lo que ocurría adentro estaba sabido: desaparece. Estoy sola, tengo  11% de batería para aguantar otro día de pena entre libros, de ver a la bella pasearse, con su pollera mariposa, delante de mis ventanas oculares y siento como los colores que lleva se arrastran espesos por el lienzo que preparé para ella.
Recuerdo que su puño glorioso enmarcó mi figura en la memoria de aquel lugar vacío de hombres, sus ojos, el placer acentuado en tonalidades distintas, el estímulo de lo desconocido, el dolor entrando y mi pleñir de gata en celo siendo enteramente suya y haciendome enteramente mía. Verde sobre vidrio vertical, rojo sobre palet vertical, azul sobre marco vertical. Todo placer fue vertical, el grito que partió de su mano, congeló todo mis adentros y fue mi boca la que abrió su puerta, invitándolo a salir; así fue; todo tembló. Agua burbujeando, mi cuerpo subía y bajaba unísono al jadeo sediento.  El jadeo, tú jadeo. Dejaba escapar un leve vapor que pegaba justo en mi nalga izquierda.
Me encantaría habitarnos en la horizontalidad, mas, estás lejos aún, recien es Martes y tu llegarás el Lunes ¿desde cuándo cuento los días de espera? Volver a la infancia, recuerdo contar los días que faltaban para mi cumpleaños, contar los días que faltaban para que llegara mamá.

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