De Miguel a Fernando

                                    Carta Primera

Amigo; que te leo y el plexo vibra atonal sobre mi pecho de pájaro sin celda, caigo al recordar la voz que imagino, porque mas no puedo, sin saltarme los espacios, respirandote aquí adentro, a tí en mi voz, y me perdono  por no comprender las palabras, si es que de eso se trata. Amigo hijo, devengo como pluma bajo la tez morena de mi guitarra, anhelo descolgando los sueños que pinté sentado sobre ramas viejas. 
¿Qué podríamos darte? mas, sin saberlo, dispongo mi alma cantante.








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