Adelia.

Voy a amarte bajo las farolas de nuestra plaza favorita,
mientras tu mano y la mía se amortiguan,
y vos sonriente merlot mirándome mientras te amo.
Voy a sujetar tu espalda, firme, como me enseñaste,
y caminaré dejándome guiar por tu cuerpo diminuto,
y vamos a andar por ahí tropezando con nuestra propia torpeza.
Y mientras tu mano izquierda se mueva sinuosa sobre el tablero,
y tus ojos me miren con ojos de gata, voy a amarte.
También dejaré que me ames, si es que así dispones,
y vamos a amarnos,
Tú, pálida y yo, amándote,
 mientras tu mano,
ahora decidida,
devora con un peón la única torre que me queda.
Y en ése descuido, mi querida Adelia, también estaré amándote.


Comentarios

Entradas populares