Es/quivocarla

El relato de despedida puede ser un tanto menos alentador que la causante del viaje menos esperado.
Subir de repente a un automóvil, conducir tu visión al mismo tiempo que alguien te conduce durante kilómetros en frente, si me quiero explicar lo que soy, probablemente empiece a oler en mi posición la mugre que oculto desde hace años, aunque quiera terminar lo que he empezado antes, no puedo, y no podré, porque siempre habitará en nosotros un rumbo que nunca cruzaremos, negación, diría aquella pequeña bruja que me obliga a recordarla, a es/quivocarla.
Si perdiera la voz, las manos, los dedos, lo añejo de mi ventana sin persiana, si las cortinas no mordieran la pradera, si éste clima no se comportara como el clima que me sabe a vos, ésta noche no sería aislante, no sería recordar, recordarme en las letras que brotan sin consciencia, es escribirme al mismo tiempo que me conozco, me reconozco, en blanco y negro, en espacio, y silencios.
Y no pude terminar de escucharte, de escucharlos, de mirar la televisión cuando todos estaban callados, cuando nadie quería escucharme, yo grité a letras que lo dejaran todo, que yo lo dejaría todo, que no te sale porque aún no lo intentas suficiente, que el sueño aún sigue pendiente, que la luz se enciende verde, y que el color que te hace volver sigue queriendo alcanzar lo inexistente aunque no haya ni hoy, ni ayer, sin medidas te probas, creces, caminas, sin esquivar las balas, ni la balsa galopas para poder creer, sin pensamiento, ni parlamentos, todo resulta bien.
La brújula sigue marcando su paso.
Ya no tengo miedo de morir, de correr, de la soledad, de llorarle al lamento, de creer que todo va mas lento, o mas rápido si doy cuenta de los años, de como pasa la vida, de que me la paso a ella por arriba, de que si me callo sigue pasando igual.
No quiero encerrarme, creer que por no cantarte puedes sacarme de adentro, si soy abrazo en tu espacio consuelo, no soy un plagio del viento, ni la risa del mismo, aunque en ése abismo no soy suficiente, mi corazón late, y es la gente, cuando se encierra, y yo me encierro, porque cada caricia se convierte en el vuelo, vos con ella, y yo con ellos, la vida es un circuito, un laberinto, un pequeño infinito, efímero esqueleto, se atraviesa la historia, vuelve la sonrisa, la niña que saluda desde Costa Rica, una ducha que se ducha en Argentina, la bañera de mi infancia, la valentía prematura, y mi vida sin mesura que se atraviesa en mi pecho lleno de ternura.

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