Un movimiento inconsciente

Estabas quieta, sentada frente a mi,
tus ojos se dejaban caer sobre mis labios,
la luz de la mañana rompía mi pared,
el sol atravesaba el hueco de mi alma
y me deja ver como se habían muerto
los cuerpos que habitaban allí/ dentro de mi.

Sus manos se agitaban,
tus ojos se agrandaban
y me dejé caer,
lejos de un pasado incierto y doloroso
que supo suceder,

hoy tengo en mis manos la fortuna de tu pecho,
y aunque me haya visto con un pensamiento desecho,
puedo firmar con mis ganas que te quiero mi lado.

Pintaré tus mañanas del color de la luna,
para que el dolor no sea tan fuerte,
si es que el dolor de alguna manera se hace fuerte,
y no es uno mismo quien se encarga de agravarlo.

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